Los
pringados pasajeros.
No sé a qué día
estamos hoy
Querido desconocido:
Como habrás podido leer en
mi última carta, la fastidié inmensamente con aquella chica. Conseguí que me
perdonara, empezamos a salir juntos... Pero las cosas no fueron bien. Mi
“pringadez” empezó a afectarla de una manera sorprendente, como una enfermedad
que te ataca desde dentro. Al poco tiempo de empezar a salir conmigo (a los
tres segundos concretamente) su cara fue atacada por un enjambre de acné del
que pocos adolescentes se salvan. A la mañana siguiente, empezó a usar gafas y
aparato y poco a poco, su ropa le fue gustando menos y la cambió por algo
parecido a un hábito de monja. Lo peor fue cuando le empezaron a gustar los
cómics de superhéroes y se hizo una friki. Entonces comprendí que era lo que
estaba sucediendo y tuvimos que dejarlo (a los tres segundos volvió a ser una
chica normal).
Por otra parte, he decidido
ir de viaje a Estados Unidos en compañía de mis compañeros de clase. Aunque
solo tengo un amigo, llamado Rodrigo Pérez, pensé que sería una buena
experiencia para ambos. La verdad es que Rodri es un chico bastante majo, el
problema es que es un poco infantil y no tiene un carácter duro y maduro como
el mío.
Los problemas empezaron
cuando llegamos al aeropuerto de Nueva York. Yo estaba recogiendo mi equipaje
cuando de repente vi que Rodri estaba siendo arrestado por un policía del
aeropuerto. Yo me asusté muchísimo y salí corriendo para advertir a la
profesora, pero al oír esto, salió corriendo seguida de todos los alumnos,
dejándonos a Rodri y a mí solos en el aeropuerto.
Decidí arreglar las cosas
con el guarda. Me acerqué al hombre y le miré a la cara, pese a que me sacaba
dos cabezas. El hombre era alto, negro, con una espalda como un armario del
IKEA, pero con las puertas abiertas y tampoco pude evitar fijarme en la pistola
que guardaba en su cinturón.
Le dije que era amigo de
Rodrigo Pérez y que quería saber qué había pasado. Por una parte no me podía
creer que Rodri estuviera metido en aquella situación, pero por otra parte
pensaba que Rodri tenía cara de narcotraficante y que lo mismo había utilizado
la excusa del viaje como tapadera para traficar con drogas. El guarda me miró y
me dijo que lo siguiera. Genial, yo también estaba detenido.
Llegamos a una sala llena de
criminales (o por lo menos a mí me lo parecieron). Porque... ¿qué sentido tiene
que estén allí si no han hecho nada? Es decir, yo estaba allí y no había hecho
nada... Mierda.
Me sentaron junto a Rodri.
El pobre estaba llorando, así que decidí actuar como un hombre y protegerle. La
táctica para salir de situaciones como esta es negar, negar y negar. Al cabo de
un rato vino un poli y le preguntó:
-Aquí
dice que eres español -dijo
enseñándonos el pasaporte de Rodri-.
¿Eso es verdad?
El truco de siempre, negar,
negar, negar.
-No -respondí yo. Rodri me miró
sorprendido, tal vez porque me veía como a un héroe o por la trola que le
acababa de contar.
-Sois
unos niños normales que han venido de excursión ¿no? -preguntó el policía algo
extrañado.
Negar, negar, negar.
-No -dije yo. Entonces el policía
se fue a hablar con su superior. Seguro que creían que éramos mejicanos
criminales. La verdad es que Rodrígo Pérez suena a mejicano. Cogí a Rodri del
brazo y le saqué corriendo de ahí.
Nos costó algo encontrar el
autobús donde estaba nuestro grupo. Cuando llegamos allí nuestros compañeros
nos mostraron su alegría por vernos tirándonos piedras. Estaban tan contentos
que hasta la profe se unió.
Nos llevaron a casa de
nuestro compañero de intercambio. El mío por ahora es un tío guay, al que le va
la música, los videojuegos y se relaciona muy bien con las chicas.
A ver qué tal me va con él.
Firmado
El héroe más pringado
del mundo.
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